Monumento al niño no nacido


Escultura realizada por el joven eslovaco Martin Hudáčekay hecha de materiales de cristal y piedra

Fue encargada por un grupo de mujeres jóvenes, convencidas del valor de la vida y de las funestas consecuencias que todo aborto conlleva en el cuerpo y en el espíritu de la infeliz madre.

Monumento al niño no nacido

Monumento al niño no nacido

 Eslovaquia es uno de los países que al salir del comunismo ha visto reducirse su número de abortos: de 58.000 en 1988 a 19.000 en 2006. Hay que decir que también ha descendido el número de nacimientos anuales: de 83.000 a 53.000 en estos mismos años. Su legislación permite el aborto prácticamente libre hasta las 12 semanas, y es permitido a jóvenes de 16 y 17 años con permiso de sus padres. Afortunadamente el país de mayoría católica (un 70% de sus 5,4 millones de habitantes), cuenta con muchos servicios sanitarios que pertenecen a la Iglesia y en donde la mayoría de los ginecólogos se niegan a cometer abortos.

  Significado del conjunto escultórico:

Un conjunto escultórico formado por dos piezas de diferentes materiales.

 A la izquierda la representación, en piedra, material duro, denso, compacto, pesado y que además se nos muestra sin terminar de pulir, como en bruto; observamos una mujer arrodillada, llorando, cubriendo su rostro con las manos, avergonzada por el acto cometido. No nos deja ver su cara, su pelo y sus manos le tapan, se quiere ocultar por la vergüenza y se nos revela anónima y en una de las posturas que refleja más humildad y rendición de todas, de rodillas.

No hace falta ver sus lágrimas para adivinar que llora desconsolada y que siente un profundo dolor.

Frente a ella, la representación de su hijo no nacido, en cristal como símbolo de la transparencia y pureza de su alma, de la falta de mancha.

El niño se pone de puntillas para alcanzar con su mano izquierda la cabeza de su madre y hacerle un gesto de amor y de perdón, que recuerda a la absolución de un sacerdote en el sacramento de la reconciliación o incluso a una bendición. El hijo perdona a la madre y le consuela desde el cielo.

 Pero pese al peso y tamaño mayor de la mujer, lo denso de la piedra y la profunda carga de dolor que tiene el conjunto escultórico, pondera y vence el amor sobre todo él. El mensaje final de la historia, no es el dolor de la madre, el mal uso de su vocación y de su cuerpo, la falta de respeto a la vida, la atrocidad del aborto o el reflejo del arrepentimiento por el acto cometido, ni tan siquiera el eco de la muerte por esa vida arrebatada. No.

El mensaje final, sin duda y lo que nos quiere transmitir el autor es el triunfo de la misericordia por encima del pecado.

 Una perfecta yuxtaposición entre la piedra y el cristal;  entre opacidad y la pureza; entre la desesperanza y el consuelo; entre la culpabilidad y el perdón; entre el dolor y el amor, donde vence la misericordia.

Misericordia que este niño, ya junto al Padre en el Cielo, ira haciéndole llegar a su madre a modo de amor, de una manera diferente, pero seguro que también eficaz, como si se le hubiera permitido nacer.

 Él, muerto, le devuelve la vida con el perdón, a la que se siente muerta en vida.

La primera exposición fue el 28 de octubre de 2011 en Eslovaquia.

Poema al Bebé No Nacido
G. K. Chesterton

«Si los árboles fueran altos y el pasto corto,
como en un algún loco cuento,
si aquí y allí un mar fuera azul
más allá del límite que se pierde,

si un fuego fijo pendiera en el aire
para calentarme un día completo,
si cabello verde oscuro creciera en grandes colinas,
yo sé qué haría.

En lo oscuro me encuentro; soñando
que hay grandes ojos fríos o amables,
y calles retorcidas y puertas silenciosas,
y hombres vivos detrás.

Que vengan las nubes de tormenta: mejor una hora,
y permiso para llorar y pelear,
que todas las edades que he gobernado
los imperios de la noche.

Yo creo que si me dieran permiso
de estar en el mundo,
yo sería bueno durante todo el día
que pasara en el país de las hadas.

Ellos no escucharían ninguna
palabra mía de egoísmo o desprecio,
si sólo yo pudiera encontrar la puerta,
si sólo yo pudiera nacer».

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