Desde mi terraza 1


Primer relato…

El buen Camarero (Mt 25, 31-46)

Una de las primeras cosas que aprendí en mi trabajo cara al público es que los mejores clientes son los niños. Puedes haber tardado una hora en atender a un matrimonio con su hijo, haberles llevado el café helado, pero si te ganas al niño te habrás ganado a los padres; no falla, de verdad. En el barrio de mi hermana hay un camarero muy simpático que tiene enamorada a mi sobrina de 7 años. No es de los mejores bares ni de los camareros más eficaces de la zona, pero la salida de los sábados se ha convertido ya en visita obligada a ese lugar, y mi hermana, que adora a su hija, que da la vida entera por ella, aunque no disfrute de una comida de su gusto, goza viendo a la niña feliz. Cuando llega la Navidad, le hace un buen regalo; “porque tratas muy bien a mi hija, y lo que le hacen a mi niña, es como si me lo hicieran a mí”- le dice.

Os cuento esto porque creo que tiene mucha relación con la lectura del Evangelio de este domingo (13 de noviembre de 2011), cap. 25 de San Mateo: “Cada vez que se lo hicisteis a uno de estos pequeños, a mí me lo hicisteis”. Dios, que es nuestro Padre, nos ama con locura y quiere que cuidemos a nuestros hermanos más débiles, que son sus hijos predilectos. Puedes creer o no creer en Él, tú te lo pierdes, pero si te comportas como un auténtico hermano con tus hermanos, al atardecer de tu vida lo conocerás y si no has creído te sorprenderás del padre tan maravilloso que es, y dirás: “¿Por qué no te habré conocido antes, por qué, justo al final de mi vida, después de haberte negado, me muestras tu perdón, Padre mío?”. Él te contestará: “Precisamente por eso, porque soy tu padre, y porque tú, pese a haberme ignorado a Mí, has cuidado de mis hijos, de tus hermanos más pequeños, a los que quiero más que a Mí. Te has portado como un buen hermano, por tanto, como un buen hijo; entra  en mi casa, que ya nada te separará de Mí”.
Dios no quiere hijos “pelotas”, que vayan a misa todos los días, se amoraten el pecho a golpes en el “mea culpa”, sepan al dedillo y de carrerilla todas las oraciones habidas y por haber y luego pasen por la vida sin mirar a la cuneta. Dios quiere que si vas a misa sea para escuchar el Evangelio dispuesto a ponerle patas, sacarlo fuera y buscar la mínima excusa para practicarlo, que si te amoratas el pecho a golpes sea porque de verdad lo sientes y de verdad quieres cambiar, y que si te sabes todas las oraciones habidas y por haber sea para que el “Hágase tu Voluntad”, tenga sentido, sea, de verdad, un “Lo que tú digas, Señor”.

Hagamos como el camarero del barrio de mi hermana, seamos buenos comerciales, ganémonos a los hermanos más débiles, socorramos a los más necesitados, a los enfermos, a los locos, a los indigentes, a los excluidos, a los que están en la cuneta… y Dios, que es un padrazo, al que se le cae la baba por ellos, nos compensará.

Mónica Núñez Parisi


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